Breve historia
de la inmortalidad

"Hay como una amable frialdad al fondo de las cosas en Breve historia de la inmortalidad: una "vibración" que sorprende, que resulta necesaria y que convierte a Álamo en un novelista que ya brilla con luz propia"

 (J. Ferrero, El Mundo)

"…su obra es una novela de riesgo, difícil, hecha con materiales de deshecho, situada en un Londres que él conoció bien por haber vivido allí una larga temporada, de  okupas y de alienígenas, seres marginales y marginados en las drogas y en el sexo."

(Javier Goñi, El País)

"Un relato trágico, misterioso y absurdo en el que las acotaciones corresponden a un estado de ánimo que es y se va haciendo ante nosotros, sin máscaras ni disfraces, en toda su grandeza y en todas sus miserias"

(P. Castro, Abc)




Una buena idea

“Esta es la historia de un amor imposible, contada de una manera imposible también, en un lenguaje infantil y maduro a la vez, rítmico, veloz, disparatado y perfectamente coherente, quizá un lenguaje de todo punto imposible, que la habilidad de Álamo nos impone. Libro de lectura vertiginosa, donde hay tanta protesta social como personal, donde un niño se pone el mundo por montera inventándoselo y transgrediéndolo de manera tan disparatada como tópica y subjetiva, tan inocente como perversa, tan televisiva como lingüística, y todo ello para que se derrumbe mejor.”

(R. Conte, Abc)

 




Nata soy

“La historia, llena de escenas inventivas y humorísticas, no desfallece en interés hasta su desenlace, donde la permanente comicidad adopta un tono más grave. Si no fuera porque 300 páginas exigen algo más que una sentada, en una única, sin descanso, quisiera uno abarcar su anécdota divertida, ácida y construida sobre unos cimientos de suspense. Y que, además, está cargada de intención, y suscita desazonantes dudas acerca de la trascendencia y con su mediación terrenal, las religiones y sus ministros. Las anécdotas peregrinas e imaginativas se acumulan y el argumento progresa en medio de un desparpajo muy postmoderno por el modo en que Álamo mezcla modelos literarios. Los sucesos se emparentan con la novela gótica y el relato criminal. Y se disponen como actos de una comedia del absurdo, entre Jardiel y Kafka. El humor no tiene entre nosotros demasiada buena prensa y es de temer que perjudique a la difusión de esta “Nata soy” (léase al revés: “Yo Satán”) que asegura entretenimiento, derrocha ironía inteligente y ácida, y pone en la picota verdades que muchos consideran intocables.”

 (Santos Sanz Villanueva, El Mundo)

 




El incendio del paraíso

“El material inflamable de las relaciones de pareja, la condensación de esa fibra sensible que se da en la ruptura sentimental y cómo el amor puede acabar en autodestrucción son química en estado puro. Álamo consigue dominar esos elementos en medio de un incendio, el de la vida acabada de dos amantes condenados a una lucha sin cuartel contra el otro y contra sí mismos. Esquiva el peligro con diálogos a la altura de su oficio como dramaturgo; con la consistencia del personaje principal, Santi, esa mente confusa y desesperada cada vez más cerca del abismo, y con el buen manejo de la tensión en un caso de tragedia anunciada. Elude también un riesgo añadido, el que corre esta historia de convertirse en una novela de tesis con cargo a la violencia de género o a las rupturas de pareja. Puede que parta de ese punto, pero se lee como la espiral de amor y destrucción de dos personajes que podrían ser cualquiera de nosotros una vez que el suelo desaparece bajo los pies.”

 (Ángel Cabo, “Qué leer”)